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sábado, 4 de marzo de 2017

Mundo feliz

Pareja de recién casados 
Parece que va siendo evidente que la distopía que nos corresponde no es 1984, de Orwell, sino Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en el que hay consenso para que desaparezca por nocivo y peligroso el “amor romántico”, ese pleonasmo (como el agua húmeda). Sin amor sólo quedará el sexo como placer y fiesta, una especie de amor sin espinas, como los filetes de pescado congelado. Punto final a esa manía alucinatoria de buscar nuestra otra mitad, el cariño absoluto que da sentido a la vida o compensa de no encontrarlo, los celos y recelos, las cóleras y reconciliaciones, la pérdida, la fatiga asombrosa de querer. “Si duele no es amor”, han decretado los coachs(esos psicólogos para quienes no tienen ya psique). Así podemos despachar el estorbo de casi toda la literatura occidental, basada en que solo es amor si duele. Y sus contradicciones: el poeta que se queja de la espina en el corazón clavada y cuando se la quitan protesta porque ya no siente el corazón... ¡Bah, no tienen pensamiento positivo, no saben pasarlo bien! Así les va a las pobres chicas, Emma, Ana, Desdémona... el último beso de Otelo. ¡Otelo! ¡Cómo no le da vergüenza a Shakespeare ser tan romántico al hablar de la violencia de género! Necesitamos menos poetas y más pilates: hay que decírselo a los adolescentes enseguida, para que no se amarguen la vida.

Olvidemos el bárbaro pasado y sus neuróticos arrebatos. Adiós a morbosas torturas como las que describe T. S. Eliot (trad. Andreu Jaume): “¿Quién concibió pues el tormento? El Amor. / El Amor es el nombre más siniestro / escondido en las manos que bordaron / la insoportable camisa de fuego / que las fuerzas humanas no quitaron. / Tan solo suspiramos, tan solo vivimos / por fuego y por el fuego consumidos”.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Alegato contra la pena de muerte


El caso del chino Nie Shubin debería convertirse en un alegato contra la pena de muerte y el mal funcionamiento de la justicia
Varios camiones transportan prisioneros condenados a muerte en China. EPA
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Nuevo error judicial irreparable, nuevo alegato contra la pena de muerte. Nie Shubin tenía 20 años cuando en 1995 fue condenado a muerte por la violación y el asesinato de una joven hallada muerta en un campo de maíz de la provincia de Hebei, a 300 kilómetros de Pekín. Diez años después de la ejecución fue detenido un asesino en serie que confesó el crimen y dio los detalles que la policía no había podido obtener de Shubin porque no lo había cometido. A partir de ese momento, la familia del joven pidió hasta 54 veces la revisión del caso, pero el sumario no se reabrió hasta 2014. Ahora, 21 años después de la ejecución, el tribunal revisor lo ha declarado inocente y ha expresado a la familia “su más sincera disculpa”.

Demasiado tarde. La sentencia de muerte se ejecutó, y con ella, la posibilidad de cualquier resarcimiento. Nie Shubin pasó un calvario, perdió la vida por un error judicial y nadie podrá ya nunca reparar el inmenso daño causado. Ese es el problema de la pena de muerte. No solo atenta contra el más importante de los derechos humanos, el derecho a la vida, sino que es una condena irreversible, inapelable, sin posibilidad de reconsideración. Si además la pena capital se aplica en un país de régimen autoritario y con un sistema judicial tan opaco como defectuoso, las posibilidades de un error irreparable se multiplican.

La revisión del caso ha puesto de manifiesto la inconsistencia de la acusación y la total falta de garantías del proceso. No había ninguna prueba. La condena se basó en que el acusado había confesado el crimen. Ahora cabe preguntarse en qué condiciones de tortura se obtuvo la confesión, sabiendo que el delito de asesinato era susceptible de pena capital. Sucesivas reformas iniciadas en 2007 han reducido de 68 a 46 los delitos tipificados con pena de muerte en China. Eso ha disminuido el número de ejecuciones, pero su aplicación es tan opaca —se consideran secreto de Estado— que ni siquiera se sabe cuántas son. Se estima que todavía son más de un millar al año, casi tantas como en el resto de los 58 países del mundo que todavía aplican la pena de muerte. Y, hasta hace poco, aprovechaba los órganos de los condenados para nutrir un programa de trasplantes también muy poco transparente.

El último informe de Amnistía Internacional da cuenta del alarmante aumento de las ejecuciones en el mundo. Sin contar China, de la que no hay datos oficiales, en 2015 se ejecutaron 1.634 sentencias de muerte, casi un 50% más que el año anterior y la cifra más alta desde 1989. Irán, con 977 ejecuciones; Pakistán, con 320, y Arabia Saudí, con 158, son los tres países que encabezan y casi monopolizan esta macabra estadística. Pero también Estados Unidos, con 28 ejecutados, ocupa un lugar destacado en ella. Afortunadamente, cada vez son más los países que se suman a las tesis abolicionistas. Ahora son ya 103. El caso de Nie Shubin debería convertirse en un alegato contra la pena de muerte y el mal funcionamiento de la justicia, pero no parece que el sistema judicial chino se haya inmutado por su irreparable error.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Por qué el día contra la violencia de género es el 25 de noviembre

El asesinato de las dominicanas hermanas Mirabal en 1960 dio origen a la fecha reivindicativa.
Patria, Dedé y Minerva Mirabal, feministas dominicanas.
ARCHIVO FAMILIA MIRABAL 
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Desde 1981, Latinoamérica conmemora cada 25 de noviembre el día contra la violencia de género. Los movimientos feministas de la región, con una de las tasas más altas de violencia contra la mujer, acuñaron esa fecha en honor a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras. Años más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Mirabal. ... (Más información)

jueves, 24 de noviembre de 2016

Cecilia, chimpancé de un zoológico argentino considerada 'Sujeto de derecho no humano' en 2015

Para Arthur Schopenhauer la envidia (el dolor por el placer ajeno) es más comprensible que el morbo (el placer por el dolor ajeno): la envidia es humana, el morbo (Shadenfreude) es demoniaco. Pero pocos pensaban así en otro tiempo. En el año 80 el emperador romano Tito inauguró el Coliseo con una fiesta de 100 días en la que murieron centenares de personas, 4.000 animales domésticos y 5.000 salvajes. Por las mañanas la concurrencia se deleitaba con peleas que combinaban una gran diversidad de animales: toros, elefantes, jabalíes, leones, leopardos, liebres, rinocerontes, búfalos, bisontes, hipopótamos, cocodrilos, monos, humanos… El poeta Marco Valerio Marcial describe el caso de un toro que, tras recibir estímulos en forma de pinchazos y quemaduras, corrió enloquecido por toda la arena hasta que un elefante acabó con su vida. También hay testimonio de otro toro despanzurrado por el doble cuerno de un rinoceronte encolerizado. A mediodía tenían lugar las ejecuciones de criminales y desertores, momento que algunos dignatarios aprovechaban para salir a almorzar. Y por las tardes era cuando se programaban las esperadas luchas de gladiadores y las sanguinarias escenificaciones de batallas navales (naumaquias). El Coliseo funcionó durante cinco siglos con estos entretenidos espectáculos y sus piedras vieron morir a medio millón de personas y más de un millón de animales salvajes, toda una tradición sin duda. Sus nostálgicos debieron invocarla con furia cuando, en el año 523, se vendieron las entradas para la última carnicería. Como si lo estuviera oyendo: al que no le guste que no venga.

viernes, 8 de julio de 2016


Responder con altura humana a los desafíos de nuestro tiempo sigue exigiendo contar con un bagaje como el que proporciona la filosofía
La enseñanza de ética y filosofía desde el colegio son básicas ante los desafíos. AFP
Nuestras sociedades son sumamente contradictorias en lo que hace a la enseñanza de la filosofía y de esa parte esencial suya que es la ética.

En la ESO la ética se ha reducido a una materia de escuálidos “Valores Éticos”, alternativa a la religión por más señas, con lo que se abona la falsa convicción de que hay una moral para ateos y otra para creyentes. Cuando lo cierto es que todos deberían compartir la misma ética cívica. En el Bachillerato la Historia de la Filosofía, que en un tiempo fue obligatoria, se pierde entre una maraña de optativas. Y en las universidades, las Humanidades, entre ellas la Filosofía, se devalúan con la coartada de que no parecen engrosar el PIB de los países.

Y, sin embargo, responder con altura humana a los desafíos de nuestro tiempo sigue exigiendo contar con un bagaje como el que proporciona muy especialmente la filosofía. Para muestra, algunos botones.

Se repite hasta la saciedad que la falta de ética es una de las causas de las crisis económica y política, se insiste en la perversidad de la corrupción, en la falta de responsabilidad de los líderes, que ponen su ego frente al bien común, se habla de la importancia de las emociones en la vida pública y de que no pueden llevarnos, sin embargo, a olvidar los argumentos. Catástrofes como la victoria del Brexit en el referéndum británico nos instan a construir una mejor Europa, fiel a su compromiso con los derechos económicos y sociales de las personas, leal a las exigencias de la hospitalidad con quienes no tienen más alternativa que la desesperación y la muerte. Seguimos creyendo que el camino para construir democracias auténticas es una ciudadanía lúcida y madura, capaz de reflexión, crítica y argumentación, convencida del valor de la autonomía y de que sólo puede conquistarse desde la solidaridad. Nombramos comités de bioética en distintos niveles y, salvo honrosas excepciones, ninguno de sus miembros se ha formado en ética. Criticamos las consecuencias nefastas del capitalismo financiero y abjuramos verbalmente de la pobreza y la desigualdad.

Y si nuestras convicciones son éstas, ¿no es una contradicción flagrante abandonar en las aulas aquellos saberes que, codo a codo con los demás, cobran su sentido de potenciar la reflexión y la crítica, la argumentación frente al fundamentalismo y los dogmatismos, la deliberación y la apuesta por los mejores valores?

ADELA CORTINA ... 8 JUL 2016 -


LA POLÉMICA DE LA FILOSOFÍA


¿Por qué sobra la filosofía? Por Fernando Savater y José Luis Pardo
Como se lee a Platón Por César Rendueles
Las humanidades fabrican inútiles Por Alejandro Prada Vázquez
A favor de la filosofía Por Carlos Andradas.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Aulas y púlpitos

La formación religiosa no es una asignatura. Podría serlo si tuviese como objetivo una historia de las mitologías o algo así, en cuyo caso los profesores serían elegidos como el resto: por razones académicas, no designados por el obispado


NICOLÁS AZNÁREZ
(...) Nuestra Constitución reconoce el derecho de los padres a optar por la educación de sus hijos más acorde con sus convicciones, pero este es un punto que si se renueva la Carta Magna convendrá aclarar. Porque sería inaceptable que ese derecho incluyese la enseñanza de nociones anticientíficas como el creacionismo en lugar de la teoría de la evolución o la diferencia de derechos cívicos entre varones y mujeres, como quieren algunas doctrinas piadosas. Las familias tienen derecho a educar a sus hijos según sus preferencias… dentro de la oferta escolar establecida. El punto importante aquí es que, ni optativa ni obligatoria: la formación religiosa no es una asignatura. Podría serlo si tuviese como objetivo una historia de las mitologías o algo así, en cuyo caso los profesores serían elegidos como el resto: por razones académicas, no designados por el obispado. Para que los niños reciban formación religiosa no hace falta que la estudien en el colegio, véase lo que ocurre en países laicos como Francia (modélica en tantas cosas). A este respecto se fomentan errores interesados. (...) Sigue leyendo...

viernes, 20 de noviembre de 2015

DÍA MUNDIAL DE LA FILOSOFÍA

TEST: ¿Sabes que no sabes nada? Grandes frases de grandes filósofos


Este jueves es el Día Mundial de la Filosofía, una materia cada vez más arrinconada en escuelas e institutos
La escuela de Atenas', de Rafael. En el centro están Platón (señalando arriba) y Artistóteles (señalando abajo). En la escalera está Diógenes (de azul) y abajo, sentado, Heráclito
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Las Naciones Unidas celebran desde 2002 el Día Mundial de la Filosofía el tercer jueves de noviembre. Algunos de sus objetivos son sensibilizar a la población de la importancia de la Filosofía y de su utilidad a la hora de tomar decisiones cruciales para las sociedades, alentar la investigación filosófica o subrayar la importancia de la generalización de la enseñanza filosófica para las generaciones futuras.

Un último punto controvertido porque en España los profesores de la disciplina llevan bastante tiempo en batalla con el gobierno para que no se recorte más la enseñanza de la filosofía en la educación secundaria. El último episodio de los filosóficos recortes tuvo lugar cuando recientemente se acabó con la obligatoriedad de la enseñanza de Historia de la Filosofía en el Bachillerato, esa asignatura que, antes de enfrentar los estudios universitarios, nos mostraba cómo había pensado la Humanidad desde los antiguos griegos hasta los recientes posmodernos.

¿Tienes los rudimentos básicos en Filosofía? Dicen los profesores que son vitales para formar a ciudadanos críticos e independientes. Compruébalo con este sencillo test consistente en adivinar a qué filósofo se atribuye cada máxima propuesta. Atención: hay alguna sorpresa.

jueves, 19 de noviembre de 2015

11 cosas en las que nuestros hijos serán peores si no estudian Filosofía


1. Tomarán peores decisiones. La filosofía es una asignatura dedicada al pensamiento puro y duro, así que puede ser de gran utilidad en la vida cotidiana. “A través de ella aprendemos a ejercer el pensamiento crítico-creativo, porque no es posible valorar un hecho si no creamos los criterios para ello, al igual que tampoco podemos generar nuevos planteamientos verdaderamente eficaces para un mismo problema si no hemos sido capaces de llegar a la raíz misma, para entender sus debilidades y sus fortalezas”, dice García. “Es útil a la hora de tomar decisiones cotidianas con criterio, para relacionarnos de manera más sana con los demás y también a la hora de investigar cuestiones por nuestra cuenta”.

El matemático y filósofo inglés Alfred North Whitehead dijo que toda la filosofía occidental es una nota a pie de página a la obra de Platón. “Es importante conocer a Platón porque ya con él descubrimos el poder del cuestionamiento, tanto de uno mismo como de los otros, y del diálogo. También el pensamiento de Aristóteles, que es quien empieza a valorar la experiencia en el modo de conocer las cosas y el papel decisivo de la lógica a la hora de pensar mejor”, explica García.

2. Definirán, con más torpeza, su ideología adulta. “Es precisamente a las edades de Bachillerato cuando los jóvenes comienzan a tener inquietudes: si creen en Dios o no, por qué las cosas son de una manera y no de otra”, comenta Sanlés. “De esos planteamientos salen los sistemas filosóficos, éticos, políticos, etc.”.

3. Serán más manipulables por charlatanes y políticos. Marx quería desenmascarar la ideología burguesa, Nietzsche superar el resentimiento y el victimismo y Freud hacer la luz sobre el inconsciente y los deseos reprimidos. “Los llamados filósofos de la sospecha Marx y Nietzsche (entre los que se suele incluir a Freud, aunque no era filósofo) ayudan a los alumnos a ver las estructuras que determinan en muchos casos nuestros comportamientos, que van mucho más allá de los individuos, y gracias a ello a no digerir los discursos tal y como se les plantean, sospechando siempre qué ideología puede estar sustentándolos”, dice García.

4. No sabrán cómo crear empresas alternativas. La lógica del beneficio a cualquier precio y el éxito personal parece ser la tónica general en el capitalismo actual. Pero no es el único camino a seguir. “La filosofía no puede estar al servicio de esos valores, sino a los de la independencia y el crecimiento de las personas”, dice Cifuentes. Aunque ahora prosperen asignaturas como Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial, optativa del primer ciclo de la ESO, impartida por filósofos.

5. Se alejarán del efecto positivo de la duda. El escepticismo es una práctica recomendable en una sociedad en la que muchos quieren dar gato por liebre: políticos, economistas, comerciales, publicistas, seudocientífico… René Descartes, quien hizo de la duda un método de trabajo, lo practicó hasta las últimas consecuencias, dudó de todo, hasta de su propia existencia. Pero se dio cuenta de algo: “Pienso, luego existo”. Y a partir de ahí volvió a empezar.

6. Sabrán manejar el iPhone, pero no entenderán su valor. Aunque vivimos una sociedad eminentemente científico-tecnológica y conocemos a fondo algunos de sus resultados, desde las últimas terapias médicas hasta la exploración espacial, pasando por las tabletas y los smartphones, no conocemos tanto sobre el origen y funcionamiento de la ciencia moderna. En el currículo de Historia de la Filosofía se da un repaso a la Revolución Científica en torno al siglo XVII. De cómo Galileo, Copérnico, Kepler o Newton explicaron y cambiaron el mundo.

7. Serán peores ciudadanos. Entender la democracia implica conocer la modalidad ateniense hasta la actualidad, pasando por varios hitos del pensamiento político, como El Contrato Social de Rousseau o la división de los tres poderes de Montesquieu. “Para ser buenos ciudadanos es importante que los alumnos conozcan las bases filosóficas en las que se basó la Revolución Francesa, el origen de las democracias liberales”, dice Sanlés.

8. Se portarán peor. Desde el punto de vista de la ética, claro. Un tema estudiado, entre otros, por Kant. En la asignatura de Historia de la Filosofía se dedica un buen espacio al imperativo categórico kantiano. Un modelo de conducta que no deriva de ninguna religión ni ideología. Algo así como “obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. Es decir, haz aquello que deseases que todo el mundo hiciera puesto en tu lugar.

9. Permanecerán impasibles ante la desigualdad. Dicen algunos que Marx está sobrepasado, pero la desigualdad ha crecido en los últimos años y el mundo sigue siendo un lugar injusto. “Muchos de sus análisis, aunque hechos en el siglo XIX, siguen estando completamente vigentes”, explica Cifuentes. “Hay que saber abordar la actualidad con los filósofos de cada época”.

10. Sacarán peores notas en otras asignaturas, como Historia. El siglo XX ha estado marcado por la convivencia y lucha de varios ismos. “Los liberalismos, socialismos o economicismos que hemos visto en el siglo XX tienen todos orígenes filosóficos”, dice Sanlés. “Autores como Marx o John Stuart Mill son imprescindibles”.

11. No podrán seducir a un chico o chica contándole una bella parábola. Las parábolas han servido siempre para explicar de forma sencilla la filosofía, y muchas han pasado al imaginario popular. Por ejemplo, el mito de la caverna de Platón, que nos muestra que vivimos en un mundo de apariencias alejado del mundo de las ideas, del que solo vemos una sombra, o la navaja de Ockham, que explica cómo no complicarnos la vida: entre dos explicaciones a un fenómeno, es conveniente elegir la más sencilla.

 18 NOV 2015 

"Aparta, que me tapas el sol"

Muchas historias maravillosas relacionadas con la filosofía son las que perduran en la mente de los antiguos alumnos, incluso cuando ya han abandonado la práctica del buen pensar.
Tal vez la de más éxito sea la de la puntualidad de Kant. Era tan rígido en sus horarios que los habitantes de Königsberg, la hoy rusa Kaliningrado, ponían en hora sus relojes cuando lo veían pasar.
El arrebatado Nietzsche abrazó a un caballo el 3 de enero de 1889 en Turín después de ver cómo su cochero lo azotaba con el látigo, además de ser un caminante empedernido que necesitaba los paseos para pensar mejor, lo que nos muestra la vinculación entre la mente y el cuerpo. 
Y cuando el poderoso Alejandro Magno se presentó ante Diógenes, este le dijo algo así como: “Aparta, que me tapas el sol”..

lunes, 16 de noviembre de 2015

9 gestos cotidianos que los matemáticos hacemos de otra manera

No comprar lotería es uno de ellos pero hay más. Al contrario de lo que pueda parecer, también disfrutan jugando con las palabras


Cuando eres matemático, todos piensan que dividir la cuenta del restaurante es cosa tuya pero, en realidad durante la carrera yo solo veía letras, no soy especialmente dotado haciendo cálculos y, afortunadamente, ya hay máquinas que hacen eso. Sin embargo, sí que hay algunas cosas que los matemáticos hacemos de manera distinta. Bueno, aunque quiero dejar claro que lo hacemos todo de manera perfectamente normal. Aprovechando que el 15 de noviembre se celebran las fiestas de Alberto Magno al que, por ser alquimista, se suele considerar el "santo patrón" de químicos, de los matemáticos y en general de las carreras de ciencias puras (y a la espera de que alguien santifique a Gauss) recopilamos 9 de esas cosas que hacemos de otra manera.

miércoles, 4 de noviembre de 2015


... la República Democrática del Congo, está considerado por la ONU como el peor lugar del mundo donde puede nacer una mujer, el país donde una niña tendrá peores condiciones de vida y menos oportunidades para progresar. (...)

Las congoleñas están en el centro de la vida de las comunidades en los pueblos y aldeas donde habitan. Ellas son quienes cultivan los campos, quienes se ocupan del ganado, quienes venden las cosechas y manejan la economía de sus familias. Mientras los hombres no trabajan, u ocupan cualquier cargo administrativo al que ninguna mujer tiene acceso, ellas cuidan de las casas, de las tierras, de los hijos. Por eso destruir a las mujeres es el método más simple, más directo y eficaz, para destruir las comunidades a las que pertenecen. (...)

... el arma más utilizada en la guerra que padece este país es la violación, aunque ese término no se aplica en este contexto a una penetración sexual obtenida por la fuerza. (...) Los soldados entran en una casa y violan a mujeres y niñas penetrándolas con sus cuchillos o con las bayonetas de sus fusiles. Así, destrozan por dentro y por completo a cualquier mujer que encuentren en una casa, ya sea un bebé o una anciana. O encañonan al marido y le piden a uno de sus hijos que viole a su madre. Si se niega, matan a su padre. Luego a uno de sus hermanos. Después a otro, y a otro más, hasta acabar con todos. Ellos mismos hacen el trabajo con sus cuchillos y las abandonan en sus casas o las dejan tiradas por los caminos. Las que sobreviven, tienen que afrontar después el abandono de sus maridos, que las repudian, y el de sus familias, que se avergüenzan de ellas.

Esta guerra feroz y lejana, de la que tal vez ustedes ni siquiera hayan oído hablar, se ha recrudecido de manera extraordinaria durante los últimos años. A la violencia política, étnica, religiosa, se ha sumado ahora la competencia por el coltán, un mineral raro en todos los sentidos –porque sus reservas son escasas y porque su nombre apenas se había escuchado hasta ahora– que es esencial para fabricar los teléfonos móviles que todos usamos. La República Democrática del Congo es el país con mayores yacimientos de coltán del planeta, y las empresas de telefonía radicadas en los limpios, civilizados y democráticos países del mundo civilizado están dispuestas a conseguirlo a cualquier precio. Se pueden hacer smartphones sin coltán –de hecho, al menos una empresa española, BQ, los hace–, pero, por lo visto, para las grandes compañías, la guerra en el Congo resulta más competitiva que la innovación tecnológica. (...)

domingo, 25 de octubre de 2015

Hacia un Estado laico

La cooperación con las religiones debe desaparecer de la Constitución

El papel de cualquier confesión religiosa en una democracia laica es claro: ejercer libremente el culto, la transmisión de su fe y la educación en la misma. Ni el Estado laico puede exigir otra cosa a las confesiones, ni estas deberían esperar del Estado más que garantizarles tales libertades. Lo cual choca con la obligación que la Constitución española impone de cooperar con “la Iglesia católica y las demás confesiones”, en el mismo artículo en que se proclama que ninguna de ellas tiene carácter estatal.

Ambas formulaciones sitúan a España en el terreno de un aconfesionalismo desmentido por las medidas de apoyo a la religión católica adoptadas por los diferentes Gobiernos. No en vano esta confesión se beneficia de la inyección económica del Estado al funcionamiento de su estructura, de parte de la subvención a los centros escolares concertados o de la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas. También tiene sentido cuestionarse la exención de impuestos para los bienes religiosos —reflexión que debería extenderse a los de otras organizaciones cívicas—, además de reclamar bienes que, como la Mezquita de Córdoba, han sido inmatriculados por la Iglesia católica.

En paralelo, perviven unos acuerdos entre España y la Santa Sede firmados en plena transición a la democracia. El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia su voluntad de revisarlos y de inscribir en la Constitución el principio de laicidad. Por supuesto que este planteamiento apunta el interés político de recolectar votos de izquierda, pero lo exigible, una vez hecho, es la coherencia de sostener que España debe evolucionar hacia un Estado laico.

La laicidad no debe confundirse con la lucha entre dos confesionalismos, el católico y otro que pretenda imponer la laicidad a base de doctrinarismo. Se trata de impedir que las religiones condicionen a las instituciones estatales y de situar las creencias espirituales en el terreno privado. Todas ellas son respetables, también cuando intervienen en los debates públicos, pero no más que el derecho a hacerlo por parte de otros grupos sociales.

Tampoco hay que olvidar las complicaciones aportadas por los nuevos fundamentalismos, que pueden agudizar debates en torno a los signos religiosos en el espacio público, la elección del sexo de los profesionales sanitarios que atienden a los fieles de una religión o el reconocimiento de festividades confesionales no procedentes de la tradición católica. Estos debates agitan a la sociedad francesa, emblema de los países laicos.

Todo ello implica complejidades que deben tenerse en cuenta. En cualquier caso, en el debate suscitado en España aparecen medidas dignas de apoyo. Una de ellas es eliminar la obligación estatal de cooperar con las instituciones religiosas, y por tanto, la preeminencia constitucional de la Iglesia católica. La otra consiste en sacar la religión de los programas de la enseñanza pública y de la subvencionada por el erario. Naturalmente, los centros de enseñanza pueden ofrecer educación religiosa, pero fuera del espacio curricular. Trabajar por el consenso sobre esas medidas es más adecuado que ceder a las grandes retóricas laicistas.

jueves, 22 de octubre de 2015

El humano del futuro da miedo

Existe un icónico dibujo de cómo la especie humana evoluciona del simio encorvado al erguido y orgulloso homo sapiens, con los progresivos estadios caminando en fila india. Hay quien incluso dibuja al fin del camino a un nuevo hombre tecnológico encorvado, otra vez, sobre su ordenador.

La evolución biológica para los humanos parece haber llegado a la irrelevancia. Sucede por selección natural, pero hemos logrado que el medio se adapte a nosotros (el agua sale del grifo, el alimento está en la nevera y la calefacción combate el frío, cuando se dispone de todo esto, claro), y sucede en tiempos geológicos de millones de años, con lo que sería difícil de apreciar en nuestras cortas existencias.

Pero la evolución continuará por otros derroteros: incorporaremos la tecnología a nuestros cuerpos o mentes. Además, experimentando un acelerón: los cambios pueden ocurrir en unos años o décadas.
Iremos más allá del cíborg, hasta el poshumano, un ser que todavía ni imaginamos. ¿Se parecerá más a un robot o a un inaprensible perfil de Facebook?

¿Será máquina o consciencia pura? Estamos ante el salto de la humanidad a la poshumanidad. Como periodo de transición, el transhumanismo.

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Universo consciente, ¿futuro real?

Para Raymond Kurzweil, jefe de ingeniería de Google, el universo pasa por diferentes fases. Primero, la época de la física y la química, con la información contenida en estructuras atómicas. Después aparece el ADN que engloba la información creciente. Luego aparecen los cerebros, y los cerebros crean la tecnología: esta es la época en la que vivimos y que, según Kurzweil, llega a su fin. A partir de ahora, la tecnología, con inteligencia propia, dominará los métodos de intercambio de información de las épocas anteriores y las integra, incluyendo a la inteligencia humana. Finalmente todo el universo estará lleno de tratamiento de información y conocimiento. El universo despierta y emerge una inteligencia que emplea todo lo contenido en ella misma.

jueves, 24 de septiembre de 2015


Un fósil hallado en Etiopía aclara el origen del género Homo hace 2,8 millones de años

 5 MAR 2015 

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La mandíbula hallada en Etiopía / BRIAN VILLMOARE
Como en muchas familias, el árbol genealógico del género humano se emborrona a medida que nos remontamos hacia el origen. Conocemos a nuestros padres, abuelos, bisabuelos... pero llega un punto en el que reyes y aristócratas son indistinguibles de esclavos o bandidos. Así las cosas, la mayor pregunta que uno puede hacerse es quién estuvo en la copa del árbol, quién fue el primer humano. Un equipo internacional de arqueólogos cree haber encontrado en África lo más parecido a esa persona: el miembro del género Homo más viejo hallado hasta la fecha, que nos envejece a los humanos medio millón de años.

El 29 de enero de 2013, Chalachew Seyoum, un etíope que estudia en la Universidad Estatal de Arizona (EE UU), descubrió un oscuro diente sobresaliendo de la tierra y pronto dio con más restos. “Me quedé pasmado al encontrar una mandíbula en sedimentos de hace 2,8 millones de años”, explica a Materia. Los restos, encontrados en Ledi-Geraru (Etiopía), consisten en la mitad izquierda de la mandíbula inferior con cinco dientes. “Mi equipo los había elegido porque son de un tiempo clave para entender cómo y dónde apareció el género Homo a partir de un ancestro como el Australopithecus afarensis [conocido como Lucy], que vivía en el este de África hace tres millones de años”, añade Seyoum, originario de Etiopía.

Con el tiempo, este nuevo género de homínidos comenzó a manejar herramientas (Homo habilis), a caminar erguido (Homo erectus), y a desarrollar grupos sociales cada vez más complejos en una historia de éxito evolutivo de la que formamos parte los más de 7.000 millones de Homo sapiens que habitamos el planeta.
Varias vistas del nuevo fósil / W. KIMBEL
En los libros de evolución humana, la historia de nuestro género se acababa hace unos 2,3 millones de años. De esa época son los fósiles más viejos conocidos de Homo habilis (el homínido mañoso que fabricaba herramientas de piedra). Entre ellos y los últimos australopitecos como Lucy (que también vivieron en Etiopía) mediaba casi un millón de años de completo vacío. El nuevo fósil presenta un homínido justo de ese periodo y en plena metamorfosis. En un estudio publicado hoy en Science, Seyoum explica junto a un equipo de científicos de EE UU, Reino Unido y Etiopía que el fósil tiene una interesante mezcla de rasgos modernos y primitivos. Por un lado, ya tenía los dientes más pequeños que caracterizaron al género Homo. Por otro, su barbilla era australopiteca.

Los detalles del hallazgo se publican junto a otros dos trabajos que refuerzan que este es el primer miembro del género Homo. El primero, aparecido en Nature, considera que este nuevo homínido fue el ancestro de los Homo habilis. El segundo es un estudio de fósiles de animales hallados en Ledi-Geraru que confirma que la zona era ya un entorno árido de sabana y arbustos, no una selva. Este paisaje fue clave para que los australopitecos que vivían colgados de los árboles cambiasen de vida y de dieta. Sus grandes dientes para trajinar hojas y frutos se hicieron más pequeños, más humanos, y su cerebro comenzó a crecer. Ambos procesos probablemente se debieron al consumo de carne para alimentar a un cerebro que exigía cada vez más energía.


Ledi-Geraru está a solo unas decenas de kilómetros de Gona, donde aparecieron las herramientas de piedra más antiguas que se conocen. “Hasta ahora no había ningún fósil que correspondiera a esas herramientas, no sabemos quién las hizo, y ahora por fin pueden atribuírsele a este nuevo Homo”, resalta Carlos Lorenzo, arqueólogo del equipo de Atapuerca e investigador del IPHES. La aparición de este fósil “descarta” a otros candidatos a ser los primeros ancestros de nuestro género, como los australopitecos garhi (de hace 2,5 millones de años) o el sediba (1,7 millones de años), resalta el experto, aunque reconoce que no todos aceptarán este nuevo árbol genealógico de nuestra gran familia humana.
ENLACES DE INTERÉS:

GRÁFICO Los ancestros de los humanos

viernes, 12 de diciembre de 2014


Imagínate que tu trabajo es ese: torturar. Que cada mañana, en vez de acudir a la oficina, al despacho, a la fábrica, fichas en una cárcel secreta, donde te espera un individuo encadenado al que ya zumbaste ayer de lo lindo. Quizá hiciste algunas horas extra para llegar a casa cuando los niños estuvieran dormidos o porque te has vuelto un alcohólico del trabajo desde que te han confiado esta responsabilidad. Luego ocurre otra cosa, y es que los días que torturas hasta tarde vuelves al hogar con más ganas de sexo que nunca. Tu mujer te pregunta entre risas qué rayos te dan en la CIA, porque habría que comercializarlo.

Pues eso, que cuelgas la chaqueta de un clavo que hay en la pared desnuda, con manchas de sangre, y te vuelves hacia el tipo encadenado, desnudo, esquelético, que quizá se ha meado y se ha cagado encima durante la noche. Tiene un ojo enterrado en un amasijo de carne sonrosada y el otro es apenas una rendija en cuyos bordes se entretiene una mosca. Sus testículos parecen dos balones de fútbol y babea una mezcla de sangre y de saliva entre los tres o cuatro dientes que han sobrevivido a la última paliza. Quizá le ofrezcas un poco de agua, tal vez una calada a ese cigarrillo cuya brasa apagarás luego en sus pezones.

Hablemos de los prolegómenos porque tú eres un tipo que ama su trabajo y este hijo de puta se merece un calentamiento previo. Te quitas la corbata, te remangas la camisa. ¿Por qué parte del cuerpo empezamos? Tal vez se lo preguntes a él, como si le estuvieras haciendo el amor, es posible que esa sea tu idea del amor. Imagínate un trabajo así, con sus trienios y su Seguridad Social y con la garantía del Estado, como la deuda pública. Y con la tranquilidad que da contribuir al orden.

sábado, 22 de noviembre de 2014

MARCOS BALFAGÓN
Se estima que en la Tierra hay 1,7 millones de especies; la humana es, con respecto a las demás, la depredadora por excelencia. Es capaz, por ejemplo, de hacer desaparecer en menos de 40 años el 99% de los ejemplares de otra especie por una moda mal gestionada: es lo que le ha ocurrido al pez globo de China, que durante millones de años pudo sobrevivir a los depredadores naturales gracias a su capacidad de hincharse para asustarlos. Pero el gusto por el sashimi japonés ha hecho aumentar de tal modo su pesca que casi ha desaparecido. La presión del consumo está acabando también con el avestruz somalí y la anguila asiática, y amenaza a otras como el atún rojo.

Ello es, en parte, consecuencia de no limitarse al consumo de proximidad. La globalización de los hábitos y las facilidades de transporte extienden los gustos y hacen que toda la demanda se concentre sobre lo más buscado.

Una nueva revisión de la Lista Roja de Especies Amenazadas que publica desde 1964 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza eleva hasta 22.400 las que están en peligro, de las cuales hay 4.635 en riesgo crítico de extinción, que podrían sumarse a las 832 ya desaparecidas.

En algunas especies la amenaza no proviene del exceso de caza o de pesca, sino de la alteración del hábitat. Es el caso del buitre negro, que ha desaparecido de buena parte de Europa y del que apenas quedas unos miles de ejemplares en la península Ibérica. La causa ha sido la falta de alimento, una situación que en España se ha paliado en parte al levantarse la prohibición de dejar restos de caza o de reses muertas en el campo, adoptada en la crisis de las vacas locas.

Pero en Tanzania o Sudáfrica los buitres desaparecen por la creencia de que fumar su cerebro disecado mejora la vista, dada la portentosa capacidad que tienen de ver desde mucha altura. Y los cazadores furtivos de elefantes y rinocerontes contribuyen también a la desaparición: para evitar que su presencia les delate, envenenan los animales que cazan. Se estima que por cada elefante cazado mueren unos 600 buitres. Son solo algunos ejemplos de lo variadas que son las causas de extinción, lo que plantea la necesidad de aumentar la protección y las inspecciones.

lunes, 9 de diciembre de 2013


Incluso las noticias más serias deben referirse a la relación entre dos individuos cuando ello tiene relevancia en los hechos: padre, hijo, abuelo, primo, tío, amigo, compañero, colega… Casi todas esas palabras están tasadas con un significado que ofrece pocas dudas. Sin embargo, otro término de ese campo semántico resulta escurridizo hoy día: novio (y novia).

El primer Diccionario (1734) incluía solo una definición de novio o novia: “El recién casado, o inmediato a casarse”. Después se le empezó a complicar el asunto a la Academia porque la realidad se transformaba. Hoy el novio es en primera acepción solamente la “persona que acaba de casarse” (“¡vivan los novios!”, se grita en el banquete). En la segunda acepción se define como la “persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales”. Y en la tercera, la “persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella”. O sea, el periodo previo a la boda es ya tan largo que caben una intención y su contraria.

En la vida real tenemos el novio que va a casarse y vive con su novia, el novio que va a casarse y no vive con su novia, el novio que no va a casarse y sí vive con su novia. Y finalmente, el novio que no va a casarse y no vive con su novia. Y por supuesto, la novia que no va a casarse y vive con su novio, la novia que vive con su novia, el novio que vive con su novio… Y además pueden darse casos de novios en que uno quiere casarse y el otro no.

Si algo en la vida no está del todo claro, lo normal es que el Diccionario lo note.

Para aliviar este embrollo quizá se podría resumir esa segunda acepción de novio de modo que designara a la “persona que mantiene una relación amorosa con otra sin haberse casado con ella”, lo cual incluiría todas las variedades de noviazgo citadas y eliminaría las contradicciones.

Pero ¿qué sería ahí “una relación amorosa”? ¿Y unas “relaciones amorosas”?

Las definiciones actuales usan el plural (“relaciones”) para los novios que desean casarse, y el singular (“relación”) para los que no albergan esos fines. Parecen diferentes “las relaciones” y “la relación”, pues el primer caso admitiría intermitencia y variedad, mientras que la relación en singular la imaginamos única y sólida. Pero estarían intercambiadas, porque las plurales “relaciones” se asignan a los novios de boda organizada, y la “relación”, en singular, a los novios sin ceremonia a la vista.

Vayamos ya al adjetivo amoroso. Para empezar, una relación amorosa puede ser la del abuelo y la nieta, pues amoroso se define como adjetivo destinado a expresar “que siente amor” o “que denota y muestra amor”. ¿Y qué significa entonces amor?

Ya llegamos a donde esperábamos. Las acepciones de amor incluyen una que se habrá pensado aplicable al caso de los novios. Desde 1869 hasta 1970 estuvo redactada así: “Pasión que atrae un sexo hacia el otro”, y en 1992 se reescribió: “Atracción sexual”. En la actualidad leemos: “Tendencia a la unión sexual”. Por tanto, el novio sería en esa segunda acepción la “persona que mantiene una relación tendente a la unión sexual con otra sin haberse casado con ella”. Pero algo sigue sin funcionar, porque ahí faltarían los sentimientos, y tal descripción se aproximaría mucho a la nueva definición de amante: “Persona que mantiene con otra una relación sentimental (sin vínculos regulados por la ley)”. En la que, por cierto, faltaría la pasión sexual.

Con todo este lío, no extraña que la gente se busque alternativas como “Menganita y Fulanito salen juntos” (de lo cual se deduce que también entran), o que se presente a quien anda cerca como “mi compañero”, “mi pareja”, “mi chica”... Rara vez ya “mi prometida” o “mi novio”, palabras antiguas que han perdido prestigio y claridad.

Sin embargo, no terminan ahí las posibilidades. En México y otros países de América se dice con ironía y sin zarandajas: “Aquí te presento a mi peoresnada”.

El Diccionario suele reflejar la vida, pero vamos viendo que ciertos aspectos de la vida rompen poco a poco los moldes del Diccionario. Qué divertido.

martes, 3 de diciembre de 2013


Haber tenido siete leyes para la enseñanza en 35 años es un disparate que raya con el suicidio educativo

(...)

 Total, que aquí tenemos la LOMCE de Wert, la séptima ley de la democracia, a la que la oposición ha prometido derogar en cuanto pueda (¡a por la octava!) y que no pinta nada bien: parece reforzar los centros concertados y debilitar a los públicos, además de dificultar que padres y profesores elijan a los directores. A lo peor el instituto Beatriz Galindo de Madrid, en donde yo estudié durante siete años, es un ejemplo de lo que puede pasar con la ley Wert si no lo impedimos. En julio de 2012, el PP les impuso un director a dedo, Carlos Romero, que desde entonces ha creado un conflicto monumental con los padres, los alumnos y todos los profesores. Romero fue denunciado por el PSOE en la Asamblea de Madrid por su “despotismo”, por no consensuar nada; por “arbitrariedades” como gastarse el dinero en barnizar los bancos de la capilla mientras la biblioteca permanecía cerrada. En suma: profesores, padres y alumnos debilitados, directores politizados que hacen y deshacen al servicio de su partido. No parece un buen plan para desasnarnos.

lunes, 25 de noviembre de 2013


La sociedad descrita en ‘Un mundo feliz’ es la pesadilla a la que parecemos dirigirnos

Estos últimos años hemos podido observar un incremento de la literatura distópica, que de repente parece haberse convertido en una moda. Pero ¿qué ha propiciado este interés por el género en un país que siempre ha desdeñado la literatura de ciencia ficción? ¿Por qué ahora las novelas prospectivas que nos advierten de la llegada de un futuro adverso, que dibujan la peor de las sociedades posibles, acaparan la atención? Quizá las épocas de crisis nos vuelven más temerosos, o más prudentes. O puede que ese futuro fatídico, cuya expresión literaria vino de la mano de la sociedad moderna, esté más cerca que nunca, a apenas unas décadas de distancia. O quizá ya ha comenzado a manifestarse, quizá ya está aquí. Después de todo, podría ser que cuando un autor de nuestro tiempo da forma a una novela distópicano esté haciendo otra cosa que literatura realista.

Se acaban de cumplir 50 años de la muerte de Aldous Huxley, un prolífico escritor y pensador que medio siglo después sigue siendo recordado sobre todo por su novela Un mundo feliz, que en realidad fue escrita hace aún más tiempo, en los primeros años treinta. Y a pesar de todo, mientras otras distopías literarias prescriben o pierden fuerza, esta obra de inicios de otro siglo se torna cada día más terrible y poderosa. Esto se debe en gran medida, salvando las licencias y metáforas, a su verosimilitud, a su vigencia. A su gran número de inquietantes aciertos. Todavía hoy podemos sentir como amenaza un mundo semejante.

En concreto, son dos los grandes aciertos de Huxley: anticipó el auge de la ciencia y la tecnología que dominan hoy nuestras vidas y predijo la absoluta hegemonía de la cultura del consumo.

Hay otros aspectos, claro, en los que de momento no nos vemos tan fielmente reflejados. La estratificación social en base a castas modificadas genéticamente todavía parece lejos de imponerse; aunque las técnicas de fecundación in vitro, algo remoto en 1932, están sobradamente probadas hoy en día y los avances en manipulación genética han sido sorprendentes.

Tampoco hemos acabado instaurando de manera oficial una droga de diseño como el soma, que nos mantenga a todos felices e idiotizados, ni un método de condicionamiento durante el sueño mediante mensajes grabados, sin embargo, quizá todo eso ha ido adquiriendo su forma perfecta en la publicidad y en la televisión. Eso lo supo ver mejor Ray Bradbury, que en Fahrenheit 451 (1953) imagina una sociedad que vive en torno a pantallas gigantes y realities: “El televisor es real. Es inmediato, tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener razón. Parece tenerla”.

Y, con todo, a pesar de las pequeñas inexactitudes, el modelo que propone Un mundo feliz sigue siendo en su mayoría la pesadilla a la que parecemos dirigirnos. O quizá ya hemos llegado. Una vez relegadas las distopías comunistas, tras la caída del muro de Berlín y la desintegración de las repúblicas soviéticas, otros modelos como los imaginados por Zamiatin o por Orwell quedan fuera de nuestro horizonte, al menos en su planteamiento general. Si bien sus novelas están plagadas de intuiciones alarmantes: en 1984 (1949), por ejemplo, para los miembros del Partido no había nada que temer de los proletarios, que generación tras generación y siglo tras siglo continuarían trabajando, procreando y muriendo, no solo sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin comprender que el mundo podría ser diferente.

on las consecuencias del fordismo tan temidas por Huxley, no obstante, las que han terminado haciéndose con el control del mundo. Es el consumismo a gran escala, unido al desarrollo de la tecnología, el que rige nuestra civilización. Al fin, nos hemos rendido por completo a las ciegas exigencias del capital, carente de ética y de moral, en un vano intento de lograr una adormecida felicidad.

También lo auguraba Jack London muchos años antes, en El talón de hierro (1908): “De la inconsistencia e incoherencia morales del capitalismo los oligarcas extrajeron una ética nueva, coherente y definida, tajante y rígida como el acero, la más absurda, la menos científica y más poderosa que hubiese tenido jamás una clase de tiranos”. Pero la profecía huxleyana afina aún más al intuir que el origen del mal sería anónimo. En Un mundo feliz no hay una cabeza visible de Gobierno, ni un líder definido, ni nadie en concreto contra quien rebelarse, solo hay personas que mandan más y personas que mandan menos, pero todo forma parte de un sistema impersonal y abstracto que nadie dirige y al que nadie escapa.

El británico Aldous Huxley rechazaba los sistemas comunistas tanto como aborrecía las sociedades capitalistas. Y en su última novela, La isla (1986), utópica al fin, como si se tratase de una llamada a la esperanza, formuló un buen número de posibles alternativas. Hoy parece, sin embargo, que algunos quieren verlo todo blanco o negro. Como si fuésemos ya los descerebrados ciudadanos de una novela distópica.

(Juan Jacinto Muñoz Rengel es escritor, sus últimos libros publicados son El sueño del otro y El libro de los pequeños milagros.)

domingo, 20 de octubre de 2013

Un momento de una pelea. / AITOR SÁEZ
Juanito entra en el gimnasio a las once de la mañana. Lleva la mochila colgada al hombro, y bajo la ropa se intuye su cuerpo de culebra, fibroso, duro y elástico.

—Lo que he aguantado, Javi… No me he llevado un navajazo de milagro, dice.

Javi le escucha apoyado en una bicicleta estática.

—Quien te agrede es porque no conoce otro idioma, no tiene cultura, le responde.

Javier García Roche, Javi, tiene 32 años. Juanito tiene 22. Javi pesa 80 kilos. Juan a duras penas llegará a los 70. Javi es boxeador, chatarrero, buscavidas reformado, criador de perros, amante de su madre y de su mujer. Juan es un chaval que se ha pasado tres años encerrado por clavarle 16 veces un puñal a otro chico, al que casi mata.

Están en un gimnasio bastante atípico en la línea divisoria entre Barcelona y el municipio de Sant Adrià del Besòs, y Juan le cuenta a Javi que ha tenido un complicado fin de semana como portero de una discoteca de flamenco. Si alguien pasa por delante solo vería la puerta metálica de un garaje. Dentro hay un ring, sacos de boxeo, una especie de jaula, ruedas, un vestuario… Y el Pollo Ramírez, un exboxeador que entrena en ese momento a cinco personas, varios de ellos jóvenes de barrios marginales, mientras suena de fondo el hip-hop de Rosa Rosario.

Desde hace tres años, Javi organiza peleas. En ellas combaten sus “cachorros”, chicos de extrarradio, jovencísimos, que se pelean a cambio de “50 o 100 euros”. En la lucha no hay reglas: los púgiles se pegan hasta que uno de ellos se rinde. “Golpes de boxeo, sin protecciones, pero con guantes. El que gana cobra; el que pierde luchando con honor también cobra”, detalla Javi. Uno de esos cachorros es el Juanito. Acude al gimnasio de Javi a entrenar, pero también a contarle su vida.

Un día vio a través de la página de Facebook Chatarras Palace que se organizaban peleas en una chatarrería. “Fui, en 20 segundos derroté al otro, y el Javi me dio 120 euros”, explica Juan. En ese momento se convirtió en uno de los cachorros de Javi: entrena para pelear y ganar algo de dinero.

Los combates de Javi son duros. Ahora los organiza en el gimnasio para evitar problemas, pero hasta hace dos meses se disputaban en su chatarrería: tres naves gigantes a menos de un kilómetro del gimnasio. “Por diversión”, dice Javi, empezó a montar luchas entre sus trabajadores, hasta que uno de ellos, Alexis, despuntó: podía con todos. “Le pagaba 200 o 300 euros por las peleas, le daba fiesta los sábados… Se lo pasaba bomba”, cuenta Javi. Los grababan y colgaban en la red. Luego se corrió la voz de que Javi pagaba y “gente de fuera” se apuntó a la pelea chatarrera. Cada sábado la nave se convertía en un ring donde dos novatos se pegaban para goce de los asistentes: “Unos cuantos amigos y vecinos”, que se juntan alrededor de los contrincantes.

Hasta que Alexis denunció a Javi. “Dice que yo amenazaba con despedirles para que se peleasen”, cuenta Javi. Alexis dejó el trabajo y, según el chatarrero, está en Paraguay. Este diario ha intentado, sin éxito, dar con él. En los vídeos se ve a un tipo fuerte, alto, que sonríe y se pelea, jaleado por Javi.

Que dos adultos decidan pegarse sin que nadie les obligue no es delito, explican fuentes policiales. Otra cosa es que la pelea sea con animales, o que haya apuestas ilegales, algo que Javi niega. Tampoco pueden asistir menores de 14 años si no van acompañados de sus padres. Además, la pelea la hace en su chatarrería o en su gimnasio, por lo que no ocupa espacio público alguno. “Ni peleas ilegales ni nada. No les entra en la cabeza que alguien pierda dinero organizando todo esto porque le gusta”, defiende Javi. Hasta ahora tampoco le han llamado de la Federación de Boxeo. “Es que no es boxeo”, dice. Ni ninguno de los contrincantes ha salido tan mal parado que haya obligado a la policía a actuar de oficio.

Él asegura sentirse identificado con los chavales a los que entrena. “Es como el hermano mayor que no he tenido nunca”, cuenta Juan, que habla arrepentido de sus errores del pasado. Criado por su madre, es hijo de Juan el loco, un atracador que pasó 20 años en prisión. Cuando salió de la cárcel, Juan tenía ya seis años.
Javi, igual que Juan y que el padre de Juan, ha estado en prisión. Con 16 años pertenecía a una banda. “Nos pegábamos con pelaos. Luego nos empastillábamos y robábamos para gastarlo en drogas. Queríamos infundir miedo a otros chavales”, recuerda. Hasta que un día se metió en una pelea “gorda”, le detuvieron y se pasó encerrado “seis meses en un sitio y seis meses en otro”. En su ficha policial constan dos antecedentes cancelados, porque ya ha cumplido con la ley, y más de 40 identificaciones. Javi relata sin tapujos que ha traficado con droga en el pasado, y que ahora, como chatarrero, vive mejor. “Me hicieron un favor cuando me metieron en la cárcel. Vi que ese no era mi sitio”, repite. Y cuando unos años después estuvo a punto de volver por asuntos de drogas, frenó: “Le vi las orejas al lobo”. De su experiencia como boxeador profesional, aprendió que a “más boxeo, menos pelea en la calle”. Es lo mismo que sienten algunos de sus cachorros, como el Bengala, un chaval de 19 años. “Tengo problemas en la calle, pero cuando entreno y me peleo me desahogo”.

Es jueves. En el gimnasio hay pelea. Quienes quieran, recuerda siempre Javi. Juan sube a una jaula, que es el nuevo ring, donde le espera Carlos, un cubano que abulta igual que dos como él.

Javi da luz verde. Se agarran por el cuello, caen al suelo. Pero no dura mucho. Carlos le da una patada en el cuello a Juan, que se tambalea y se apoya en una columna de la jaula. Javi para la pelea, pero Juan quiere seguir. “Te ha hecho daño”, zanja Javi. La jornada ha acabado. Seis chavales han peleado, tres han ganado, y Javi les ha pagado en total 600 euros. Esas son ahora sus peleas, su club de la lucha, el Chatarras Palace de Sant Adrià.

REBECA CARRANCO ...Barcelona 20 OCT 2013